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sábado, 18 de febrero de 2023

TRAUMAS INFANTILES Y RELACIONES





Tus relaciones lo harán, tus hijos, tus jefes..tu "destino" lo hará.

Llega un momento en el que el dolor en relaciones es tan grande y te sientes tan perdida/o que es necesario hacerse preguntas.

Todas mis relaciones hasta hace unos años compartían denominadores comunes: personas emocionalmente no disponibles cuyo amor era un casting que tenía que ganar.

O bien la no disponible era yo, y así alternaba etapas en esta ambivalencia pretendiendo lograr el amor que anhelaba, pero pagando con la misma moneda que a mi me habían cobrado, danzando entre perderme en el otro o alejarme de él completamente. Desapegada emocionalmente.

No detectaba banderas rojas, porque esas mismas banderas rojas eran lo que yo conocía como "amor": Angustia de no saber qué podía esperar. Confusión. Miedo al abandono. Química intensa. Inseguridad. Control. Ansiedad.

Mi sistema no tenía tolerancia para el vinculo sano y la estabilidad.


Eventualmente, la profecía se cumplía y o yo boicoteaba la relación abandonando antes de ser abandonada o desaparecían, reactivando heridas infantiles y reforzando las creencias que tenía acerca de mi, las relaciones, los hombres, la vida.


La terapia me dió una visión muy necesaria de mi mundo relacional y

me ayudó a crear y reconocer lo que es un vínculo de apego seguro.


Mi terapeuta me aceptaba con mis luces y sombras. Cuando proyectaba mi ira y mi dolor en ella. Cuando la rechazaba a ella también y su vínculo seguro. Nunca me abandonó. Y me retó. Me confrontó. Transferí en ella todo lo transferible. Y crucé al otro lado del espejo.


Y sé que tú también puedes hacerlo.


Todos tenemos una historia. Derrotas y triunfos. Todos tenemos grietas a través de las que entra la luz.


Yo he reparado algunas y seguiré haciéndolo hasta el último día. Pero ya no desde un lugar de sentirme rota. Nunca lo estuve. Y tú tampoco.

Desde un lugar de maravilla, asombro, ternura, compasión, esperanza y celebración.


Fuente: Lorena Cuendias Mujer Alquimia

sábado, 1 de octubre de 2022

CUERPOS DE ADULTOS CON NIÑOS HERIDOS DENTRO




Nuestro niño interior siempre nos está mirando.

Esperando.

Deseando.

Atrapado en la desesperación, congelado en el dolor, suplicando ser visto.

Condenado a escuchar el disco rayado de voces familiares internalizadas, que a menudo son críticas, hostiles y faltas de compasión.

Perdido en un ciclo interminable de repetición, reviviendo las mismas escenas de pesadilla, aquellas en las que nuestro corazón se rompió y nuestra sensación de unión con el todo se quebrantó.

Mientras tanto, nosotros también estamos perdidos.

Cuerpos de adultos con niños heridos dentro.

Caminando por la vida en piloto automático, rehenes de nuestras compulsiones, miedos y detonantes, presos de nuestra necesidad de escapar, de nuestro dolor silencioso, de nuestro vacío interior.

Debemos encontrarnos el uno al otro si queremos sanar.

El adulto y el niño interior deben volver a conectarse y restablecer el vínculo que se perdió hace tanto tiempo.

Debemos aprender a confiar en nosotros mismos y en el mundo nuevamente, y mientras lo hacemos, encontrar almas compañeras que estén transitando el mismo viaje, para que podamos caminar juntas, para que podamos sostenernos unos a otros en el camino de vuelta al hogar en nuestro corazón.

Sanamos en tribu porque nos necesitamos, para ser vistos, para ser amados, para pertenecer.

La conexión amorosa con uno mismo y con otros seres humanos es nuestro derecho de nacimiento, uno que a algunos, desgraciadamente, se nos negó.

Un derecho que nunca es demasiado tarde para reclamar, para reivindicar y hacer nuestro, ya que es lo único que nos ayudará, finalmente, a sabernos valiosos, merecedores y completos.